La exploración visual y palpatoria es el segundo apartado de la historia clínica, tras la anamnesis y previo al diario clínico, el primer y tercer apartado respectivamente.
Esta exploración es un paso fundamental que posibilita al quiromasajista valorar las características físicas de cada usuario, relacionándolas con la información recabada en la anamnesis.
La exploración física visual y palpatoria permite evaluar objetivamente la información aportada por la persona en sus respuestas y que, por tanto, está sujeta a su apreciación subjetiva. No menos importante es que este examen físico facilita la observación de posibles signos que indican contraindicaciones para la práctica del masaje.
Desarrollo de la exploración física
La exploración física incide positivamente en la seguridad y eficacia del masaje y contribuye a la personalización de esta práctica. A continuación, explicamos las dos vertientes de la exploración: la observación visual y la palpación.
Observación visual
La observación visual es el primer contacto del quiromasajista con el estado y las características físicas del usuario. Como masajista profesional, el terapeuta sabe apreciar la información que proporciona la observación visual del cuerpo en los diferentes planos anatómicos, enfocándose en el plano frontal (ventral y dorsal) y en el plano sagital (lado derecho e izquierdo)
Para ello, pediremos al usuario, en ropa interior y descalzo, que se coloque en posición anatómica: de pie, con la cabeza, cuello y tronco neutros, extremidades superiores extendidas y separadas del tronco, con antebrazo y mano en supinación, y las extremidades inferiores extendidas y juntas.
De este modo se observan los siguientes aspectos:
- Postura y alineación corporal, prestando atención a la posición de la cabeza, asimetrías del rostro, hombros, escápulas, altura de las crestas iliacas, y ejes de rodillas y pies, para detectar posibles desequilibrios evidentes que puedan indicar tensiones crónicas y descompensaciones.
- Asimetrías musculares y volúmenes, observando cambios en el tono muscular de un lado y otro que puedan sugerir debilidad, desequilibrio postural o un uso excesivo.
- Edemas que pueden ser signo de acumulación de líquidos o problemas linfáticos, o atrofia muscular que pueda manifestar una falta de uso, lesión o enfermedad.
- Coloración de la piel. El enrojecimiento o la palidez de un área pueden ser debidos a una inflamación o a problemas circulatorios.
- Lesiones y cicatrices que requieren precaución o incluso la contraindicación del masaje en un área determinada.
Palpación
En la palpación, las manos toman el relevo de la vista. A través del tacto, el quiromasajista “lee” el cuerpo del usuario, relajado y en decúbito, captando aspectos invisibles a los ojos:
- Temperatura, textura y humedad de la piel. El calor o la frialdad de una zona puede indicar inflamación, mala circulación o hipotonía muscular, mientras que la sensación de la piel al tacto informa sobre el estado general de los tejidos.
- Movilidad tisular y fascial. El tacto permite comprobar si los tejidos se deslizan libremente o existen restricciones o adherencias que limitan el movimiento.
- Tono muscular. Con la palpación, el quiromasajista puede comprobar el grado de tensión muscular en reposo e identificar contracturas o bandas de tensión.
- Sensibilidad o dolor a la presión. Sirve para identificar posibles zonas edematosas o una posible lesión.
La observación visual y la palpación se complementan mutuamente y proporcionan al quiromasajista un mapa detallado del cuerpo del usuario que le permite identificar posibles contraindicaciones, totales o parciales, para la práctica del masaje, localizar las zonas que demandan más atención, seleccionar las técnicas más adecuadas para lograr el mejor resultado y establecer un plan de trabajo personalizado.
Posteriormente, en el diario clínico, el terapeuta anotará el trabajo realizado en cada sesión para poder realizar el seguimiento, valorar la efectividad y reajustar el plan de trabajo si es necesario.







