El perro agresivo ¿nace o se hace?
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El perro agresivo ¿nace o se hace?

¿Naturaleza o aprendizaje? A la hora de determinar el comportamiento del perro y, sobre todo sus tendencias agresivas, es eterno el dilema sobre qué es más influyente: la genética o la educación.

Que la genética individual es importante para establecer las tendencias de un animal no se puede negar: la genética crea una predisposición del individuo a mostrar algunos comportamientos. Es suficiente con fijarse en la tendencia a coger con la boca y traer objetos en los cobradores, a mostrar ladrido de alerta en los guardianes, a tirar del trineo en perros seleccionados para esta tarea, a trabajos de pastoreo en los pastores, etc.

Sobre esta base genética propia de cada uno actúan la educación y las experiencias del individuo, que pueden potenciar o reducir sus tendencias iniciales.

Agresividad genética o por condición

Cuando se intenta analizar el rol de la genética y del aprendizaje en el tema de la conducta agresiva, la tarea se complica. La agresividad forma parte del repertorio de comportamientos normales de un perro y puede ser utilizada para defenderse de posibles daños físicos o para proteger un recurso, como la comida o el territorio.

En función de su finalidad se identifican hasta 20 tipos diferentes de agresividad que se pueden manifestar de forma independiente la una de la otra. Ejemplos son la agresividad por dolor, por miedo, depredadora, instrumental…

A pesar de ser una conducta normal del perro que tiene una finalidad específica, hay casos donde la agresividad se puede definir como anormal o patológica y es el caso de las respuestas exageradas, mostradas fuera del contexto apropiado o caracterizadas por secuencias atípicas (p.ej. ausencia de las amenazas antes de la agresión). En algunos casos esta conducta agresiva depende de una verdadera patología orgánica, como el hipotiroidismo, una intoxicación, una lesión cerebral, etc.

La expresión de la agresividad de un perro depende, además de su base genética, del ambiente en el que se encuentra (es decir de la presencia de provocaciones), de su condición fisiológica (como la presencia de hormonas sexuales), de la posible presencia de procesos patológicos, de la experiencia que haya recibido (prenatal, durante los primeros meses y a lo largo de toda la vida) y de la relación entre propietario y perro.

Agresividad por aprendizaje

Varios estudios demuestran que hay una relación estrecha entre tipo de propietario y el comportamiento del perro. En un estudio sobre la agresividad del perro hacia congéneres, resultó que el perfil del propietario que posee un perro que agrede a otros perros difiere de forma marcada del perfil del propietario que posee un perro “víctima”.

El propietario de un perro agresor no suele tener una relación emocional fuerte con el perro, a menudo está interesado en el entrenamiento deportivo que incluye disciplinas de guardia y defensa y suele utilizar la fuerza física para conseguir que el perro obedezca. De hecho muchos perros intensifican su conducta agresiva tras recibir golpes y estirones de correa.

La conducta agresiva se puede intensificar también debido a un proceso de refuerzo, es decir debido a un verdadero “entrenamiento” para ser agresivos: los mismos perros de pelea alcanzan su máximo potencial después de un largo entrenamiento (claramente ilegal) que empieza cuando son todavía cachorros. Pero sin tener en cuenta el caso extremo de los perros de pelea, muchas conductas agresivas reciben refuerzos involuntarios e incentivos por parte de propietarios que desconocen el efecto que sus acciones tendrán sobre la conducta del perro.

La experiencia para reeducar

Hasta ahora se ha remarcado como la agresividad del perro puede aumentar por efecto del aprendizaje, pero la posibilidad de modificar el comportamiento agresivo a través de la experiencia es el principio de base que se utiliza para poder reeducar a un perro que muestra una conducta agresiva inaceptable.

A ejercicios específicos de modificación de conducta, se acompaña una buena socialización que representa una herramienta preventiva muy efectiva para reducir la probabilidad de que el perro, una vez adulto, muestre miedo o agresividad hacia las personas y otros estímulos que forman parte de su entorno habitual.

La genética define las tendencias de base de un individuo pero a partir de aquí la experiencia y la educación construyen la conducta del perro. Así que para controlar la agresividad del perro es fundamental trabajar sobre el sentido de responsabilidad de los propietarios y sobre sus conocimientos en cuanto a educación de los perros y prevención de conductas problemáticas.

Autor: Sergio Tejedor, profesor de CIM Formación Barcelona.

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