El nacimiento de la industria del fitness

A día de hoy, la industria del fitness mueve millones de euros en todo el mundo. De hecho, es una industria de gran poder e influencia. Es más, hay que habla de la industria del fitness en términos de ‘una nueva religión’.

En este sentido, la revista Forbes informaba en septiembre de 2018 que, según la IHRSA (International Health, Racquet & Sportsclub Association), la industria de salud y acondicionamiento físico mueve 30 mil millones de euros al año solo en los EEUU. Estas cifras han crecido al menos 3 a 4% anual durante los últimos diez años, lejos mostrar signos de desaceleración a corto plazo, se están acelerando.

Chica corre subiendo escalera

Historia del fitness

La historia de los gimnasios públicos, se remonta miles de años, a los primeros gimnasios de la antigua Grecia. De hecho, Grecia es la raíz de lo que hoy conocemos como el moderno club de salud o gimnasio. La palabra “gimnasio” se originó de la palabra griega “gymnos”, que se traduce como desnudo. Los gimnasios en ese momento solían ser un lugar para la educación de los hombres jóvenes, que incluía educación física junto con actividades educativas junto con el baño.

Los antiguos griegos diseñaron estos gimnasios públicos para que los atletas entrenasen para juegos abiertos como los Juegos Olímpicos. La forma física y el cuidado del cuerpo formaban parte de la filosofía general de los antiguos griegos junto con la educación.

Después de la caída de los imperios grecorromanos, los gimnasios junto con el arte y la música desaparecieron cuando el aprecio y la búsqueda de un cuerpo sano y esculpido empezaron a ser mal vistos. No fue hasta principios del siglo XIX cuando los gimnasios hicieron un pequeño resurgimiento en Alemania.

Sin embargo, estos no eran gimnasios como los de hoy. A mediados del siglo XIX, las escuelas comenzaron a construir gimnasios para ayudar a reforzar sus programas atléticos, que reavivaron la fascinación y apreciación del público no solo por los beneficios para la salud del ejercicio, sino también por la estética.

El primer gimnasio comercial se atribuye al gimnasta francés Hippolyte Triat

Triat abrió sus dos primeros en la década de 1840, el primero en Bruselas y el segundo en París. A fines del siglo XIX, Eugen Sandow estableció otro gimnasio. En 1901, Sandow organizó el primer concurso de físico del mundo, y más tarde promovió el estilo de vida de la buena forma física mediante la comercialización de diversas publicaciones, así como equipos y productos dietéticos, a través de una cadena de centros de acondicionamiento físico en toda Gran Bretaña.

Por otra parte, el YMCA, fundada en 1844 en Londres, Inglaterra, lideraría el camino de la aptitud física para muchos hombres. Según el sitio web de YMCA , los primeros edificios construidos con gimnasios se abrieron en 1869. En 1881, el miembro del personal de YMCA de Boston, Robert J. Roberts, acuñó el término “culturismo” y desarrolló clases de ejercicios, que son el precursor del modelo de club de salud actual.

El siglo XX marcó el auge de los deportes competitivos, así como la aparición de un mercado bien organizado y próspero. Cabe destacar la figura de Edmond Desbonnet, que consiguió que  consiguió que el ejercicio físico y el entrenamiento de fuerza se pusieran de moda a través de la publicación de revistas de fitness y de la creación de una cadena de clubes de ejercicio, al que acudían personas de las clases alta de la sociedad francesa y europea, antes de la Primera Guerra Mundial. No fue hasta después de la guerra que la clase obrera también comenzara acceder al movimiento de la cultura física.

Destaca también la figura de Bernarr Macfadden, un gurú de la cultura física americana que defendía un estilo de vida saludable, que abrió varios centros de fitness en los EEUU, donde recomendaba un estilo de vida basado en la naturaleza, hacer  ejercicio físico vigoroso a diario y eliminar de la alimentación productos como el alcohol, el té, el café y el pan.

Chicas entrenando en un gimnasio

La moderna industria del fitness

No se tardó mucho en ver el potencial de estos nuevos centros o clubes de ejercicio. Tras el nacimiento de los gimnasios modernos durante la primera mitad del siglo XX llega una era de confusión  en la que hay una intensa actividad desarrollando y promocionando programas y productos para el desarrollo de la musculatura, usando máquinas de ejercicio cada vez más sofisticadas o equipos para el hogar. También empieza a florecer el enorme negocio de los suplementos dietéticos y de la publicación de información en diversos soportes. Poco a poco a aparece una nueva tendencia, la del ejercicio basado en la tecnología (wii, móviles, ordenadores de entrenamiento…), el desarrollo de diferentes métodos, etc.

Pero, aunque hoy en día hay una conciencia generalizada de la importancia del ejercicio regular y a pesar de la gran cantidad de métodos de salud y fitness, programas y recursos, la población en general nunca ha sido tan sedentaria y ha estado en tan baja forma física. Aún así, la industria del fitness mueve miles de millones al año, como hemos visto.

Pero, ¿por qué mueve tanto dinero una industria que promueve tan pocos resultados, proporcionalmente? Probablemente porque lo que se promociona no es tanto un cuerpo sano como una cuestión estética. Esta percepción desvirtuada de lo que supone hacer ejercicio hace que muchos terminen dándole la espalda al ejercicio.

Afortunadamente, poco a poco el concepto de fitness empezó a evolucionar, y ese enfoque estético (meramente físico y corporal) está dando paso a un concepto mucho más global e integrado del bienestar fisiológico y psicológico de la persona, la salud. Es lo que ahora se está promocionando como wellness.

En el contexto español, la preocupación social por los temas de salud apareció a finales de los años 70 y principios de los 80, aunque no fue hasta  finales de los 80 y principios de los 90 cuando se intenta incluir la noción de salud en algunos centros deportivos. Así, llegada la primera década del siglo XXI ya se hablaba más del Wellness que de Fitness.

Autor: Eva R.

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