El mamífero marino más desconocido como tal: el oso polar

Todos sabemos que los mamíferos marinos son especies que se han adaptado a la vida acuática. Podemos encontrar en este grupo taxonómico a los cetáceos, los pinnípedos, los sirénidos y algunas nutrias. Pero el término mamífero marino hace referencia también a los animales que dependen del medio acuático en exclusiva para su alimentación.

Es entonces cuando podemos entender que aquí se agrupe también al oso polar (Ursus maritimus), dado que poseen unas características propias para adaptarse a vivir en las zonas de hielo marino y a que pasan gran parte de su tiempo en el agua.

Excelentes nadadores

El oso polar vive en la región ártica; zona del planeta con unas condiciones extremas, para las cuales estos animales poseen unas características adaptativas que les permiten sobrevivir en ellas. Algunos expertos afirman que han tenido que adaptarse a estas condiciones, dado que es una especie de oso pardo que quedó aislada hace millones de años y que ha tenido que evolucionar hasta diferenciarse como especie.

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Una de las características adaptativas más importantes es su facilidad para nadar largas distancias (se han rastreado nadando de forma continuada durante 100 kilómetros), gracias a la modificación de sus patas delanteras, que utilizan para impulsarse; y traseras, que colocan en posición horizontal y usan como timones.

También poseen adaptaciones para bucear y acechar a sus presas bajo el agua o comer algas, aguantando hasta dos minutos sumergidos y hasta profundidades de unos cuatro metros.

Resistentes a las temperaturas

Otra de las grandes adaptaciones es su capacidad termorreguladora. A diferencia de sus antepasados, los osos polares ayunan durante varios meses, (coincidiendo con la estación más fría) y sólo las hembras preñadas hibernan, mientras que los machos permanecen alerta.

Aguantan temperaturas extremadamente frías porque mantienen su temperatura corporal gracias a una gruesa capa de piel muy dura y otra de grasa aislante.

Poseen adaptaciones menos evidentes pero que de la misma manera les facilitan la adaptación a su hábitat, como son: sus agudas garras (que le permiten moverse por hielo y nieve), largos pies (para distribuir de forma uniforme su peso al caminar) o un agudo sentido del olfato (para localizar posibles presas a largas distancias).

Teniendo todo esto en cuenta es fácil entender su catalogación como mamífero marino, aunque a muchos de nosotros nos llame la atención cuando lo leemos o escuchamos por vez primera.

Autor: CIM Formación

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