Prohibido perros en las playas: el porqué. Justos por pecadores
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Prohibido perros en las playas: el porqué. Justos por pecadores

Durante los días de verano es habitual encontrar peticiones de personas que se quejan de la falta de playas habilitadas para perros. Echamos de menos zonas donde llevar a nuestras mascotas y nos movilizamos en contra de las prohibiciones de perros en distintos lugares.

¿Por qué hemos llegado a este punto? Cada vez son más las personas que tienen un compañero canino con el que conviven en un piso, o que apenas tienen tiempo a lo largo del día para sacarlo a dar un largo paseo. Por esto, llegado el día libre de esos dueños, les gusta llevar a su animal a realizar actividades, a la playa, o a dar un paseo y tomarse un refresco en un local.

El caso que nos atañe hoy es mucho más complicado que comentar las prohibiciones, dado que hablaremos de lo asocial que se está volviendo la sociedad en general. Ambas partes son culpables en este caso: los que tienen mascotas y los que no, o mejor dicho, los que simplemente no saben convivir en sociedad.

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El problema surge en el momento que existen dueños que no respetan, o que no conocen a su animal lo suficiente. En el caso de las playas, las quejas aparecen hacia dueños que no recogen las heces de sus animales, que permiten que su perro ladre de forma continuada e incluso animales que tras mojarse se sacuden salpicando sin control al resto de bañistas.

En la otra parte, nos encontramos con personas que pretenden ir a la playa y salir sin una mota de arena en el cuerpo, o acercarse a la orilla y no mojarse más que los pies. Este tipo de personas presentan quejas por los perros, por las pelotas, por los gritos y por los niños que corren. Y al fin y al cabo, la playa es para disfrute de todos, bien sea relajarse o divertirse.

Aquí pagan justos por pecadores. Esos dueños irrespetuosos consiguen que la gente tenga un motivo claro para quejarse, aunque seamos una mayoría los que no permitimos que esto ocurra. Y la mejor manera de controlar a grandes cantidades de personas, es prohibiendo.

La solución está en el respeto por parte de todos. Jugar a la pelota sin lanzar como si de la final de la Liga de Campeones se tratara o correr por zonas donde no hay toallas extendidas, son maneras cívicas de divertirse y respetar.

En el caso de los dueños: intentar que nuestro animal defeque antes de ir a la arena, recoger estas heces, mantener controlada la zona donde nuestro animal se está bañando para evitar salpicaduras, no permitir que el perro campe a sus anchas molestando…

De esta manera podríamos lograr una convivencia absoluta entre perros y personas en las playas, demostrando que el respeto y la educación son la base. Comencemos por estas prácticas, educando para lograr que nuestros perros, y todos en general, podamos disfrutar de un estupendo día de playa juntos.

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