Perros y petardos, una mala combinación
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Perros y petardos, una mala combinación

Los petardos pueden convertir una velada festiva para los humanos en una noche de interminable pánico para los perros. Hasta cierto punto, este miedo tiene una predisposición genética, pero también hay una parte importante de aprendizaje.

Perros policía y perros de caza suelen soportar muy bien los disparos de armas y detonaciones ya que poseen un adiestramiento específico para ello.

El miedo ante los petardos es una de las fobias más comunes a los perros y recibe el nombre de acustofobia. Suele aparecer durante los primeros años de vida y empeora con el tiempo. Las reacciones de los perros varían en intensidad, desde una ligera intranquilidad a una reacción de pánico. Los perros más sensibilizados pueden aprender a reaccionar con miedo a señales que anticipan la llegada de los petardos.

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Detección del miedo

Podemos detectar signos fisiológicos y comportamentales en el animal:

  1. Signos fisiológicos de miedo = estrés agudo (Aumento presión sanguínea, aumento de la FC y FR, aumento del metabolismo de la glucosa, disminución de la percepción de dolor, piloerección, dilatación pupilar, salivación, micción y defecación, expulsión de glándulas anales)
  2. Signos comportamentales de miedo:
    • En el caso de los perros: jadeo, intranquilidad, intentos de huir o esconderse, deambulación, ladridos, salivación, temblores, micción y defecación.
    • En el caso de los gatos: intentos de huir o esconderse, quedarse muy quieto, salivación, temblores.

A diferencia de las tormentas y los truenos, el miedo a los fuegos artificiales y petardos además de ser previsible es recompensado inconscientemente. Cuando el perro presenta alguno de los síntomas de esta fobia, como hipersalivación, jadeo continuado, temblores, micción y/o defecación en lugares no apropiados, conductas de fuga o destructivas, etc., lo solemos calmar y tranquilizar con palabras amables, gestos, caricias, o incluso nos lo subimos a la falda. Esta recompensa inconsciente aumenta aún más la respuesta de miedo y estrés.

Existe un test de sensibilidad a los sonidos que permite evaluar el grado de estrés que tiene un perro según su sintomatología.

Anticiparse al miedo

El hecho de que los petardos y fuegos artificiales suelen concentrarse en fechas concretas permite que podamos anticiparnos con tiempo y no vayamos deprisa y corriendo al veterinario para intentar solucionarlo. En la mayoría de casos será ya demasiado tarde.

Existen tres estrategias a la hora de afrontar la fobia a los petardos:

1. Terapia de conducta. Se trata de realizar una desensibilización frente a los ruidos exponiendo al perro a sonidos de baja intensidad y duración. Conforme los va aceptando se sube la intensidad y duración de los mismos.

Durante la exposición al sonido premiaremos al animal ante toda conducta tranquila e ignoraremos su comportamiento de miedo, sin castigarle ni gritarle bajo ningún concepto. Es un proceso largo, pero no es traumático y soluciona el problema sin estrés y de por vida.

2. Terapia farmacológica. El veterinario dispone de un amplio abanico de medicamentos ansiolíticos para tratar estos miedos y fobias puntuales. Aunque no es la mejor opción funcionan muy bien, siempre que nos anticipemos y se administren horas antes de la exposición a los petardos.

3. Terapias naturales. Actualmente se pueden usar feromonas apaciguadoras caninas en forma de difusor o collar. La ventaja de este último es que vaya donde vaya el perro, el collar va con él. Estos productos se deben usar días antes para proporcionar una “zona segura” e incluso días después para fijar el recuerdo de que no ha habido ningún peligro.

También existen complementos nutricionales a base de alfa-casocepina presentados en forma de cápsulas. Se deben administrar como mínimo una semana antes a dosis normal, pero si empezamos uno o dos días antes le podemos dar el doble de la dosis que le toca por peso, ya que no tiene efectos secundarios. Además disponemos de Flores de Bach y otro tipo de terapias naturales que ayudan en general a disminuir el estrés.

Recomendaciones

  1. Crear una zona segura. Debéis ayudar todo lo posible a vuestro perro a encontrar un refugio donde sentirse más seguro. Debe ser un lugar de reducidas dimensiones y oscuro, como una jaula de transporte para perros. Podéis cubrir el habitáculo con una manta para conseguir un buen aislamiento acústico. La puerta debe quedar siempre totalmente descubierta, pero en ningún caso debe cerrarse la puerta de la habitación donde se encuentra la zona de seguridad.
  2. Acostumbrar a tu perro a la zona de seguridad. Es importante habituar al perro a la zona de seguridad con antelación a un episodio de fuegos artificiales o a una tormenta. En un día tranquilo, acudid con el perro a la zona de seguridad y animadlo a entrar, por ejemplo, colocando dentro algunas golosinas.
  3. Cómo actuar en un día de petardos o de tormenta:
    1. Actuar con la mayor calma posible. No castigar ni reñir al perro, sea cual sea su comportamiento. No acariciar al perro si acude a vosotros mostrando señales claras de miedo, como gemidos o temblores.
    2. Dirigir al perro a la zona de seguridad. Si no lo ha hecho el perro espontáneamente, debéis acompañarlo a la zona de seguridad. Atraer su atención con un trocito de comida y palabras agradables, pero sin forzarlo. Si no lo conseguís, deberéis trabajar algunos días más el proceso de aclimatación a la zona de seguridad.
    3. Acompañar al perro durante unos minutos. Es conveniente estar cerca de vuestro perro cuando esté en la zona de seguridad. Nunca intentéis hacer salir al perro de la zona de seguridad, aunque lleve varias horas allí.

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