Entrenamiento de perros sordos

Se puede pensar que entrenar a un perro sordo es difícil. Pero los perros son expertos en leer el lenguaje corporal, por lo que las señales manuales son tan efectivas como las señales verbales. De hecho, los perros sordos pueden aprender tan bien como los que escuchan.

Solo hay que usar señales visuales en lugar de señales verbales o sonoras. Es más, debido a que los perros son tan buenos para leer el lenguaje corporal, el entrenamiento puede ser más fácil de esta manera. El truco es tener una señal clara para cada instrucción, y mantener esa señal de manera constante.

Educadora canina entrenando a perro sordo

Primeras señales para los perros sordos

Órdenes como “siéntate”, “quédate”, “abajo” y “ven” se pueden indicar con señas. Pero para los perros sordos también es necesario una instrucción a través de lenguaje de señas para frases como “mírame” y “buen perro”.

En este sentido, la parte más difícil de entrenar a un perro sordo es indicarle que preste atención sin distraerse con el entorno, por lo que la primera parte del lenguaje de señas que hay que enseñarle es “mírame”.

Una vez que el perro sordo ha aprendido a “mirar”, es el momento de enseñarle el lenguaje de señas para las instrucciones básicas. Para facilitar las cosas, es importante comenzar el entrenamiento  del perro en un lugar sin demasiadas distracciones. Se recomienda que las sesiones de entrenamiento sean breves, entre cinco y diez minutos, al menos tres veces al día.

Durante las sesiones de entrenamiento, es importante hacerle saber a tu perro que ha hecho un buen trabajo, no solo dándole golosinas, sino también transmitiéndole la idea de que es “¡buen perro!”, como lo haríamos con un perro oyente. Esto generalmente se indica con un pulgar hacia arriba, seguido de muchas caricias y frotamientos de barriga. El uso de golosinas solo debe ser temporal, por lo que es vital elogiar al perro sordo  mediante el uso de lenguaje corporal y señales con la mano.

Ten en cuenta que…

Sentir lástima por un perro sordo no le favorece en absoluto. Y, de hecho, lo pone en riesgo de no poder alcanzar el equilibrio en el futuro.

Es decir, dale afecto para recompensar el comportamiento tranquilo y equilibrado, pero no porque sientas compasión porque el perro no pueda oír. Él no conoce la diferencia. Ser consecuente con este enfoque es la manera de mantener en el animal un estado mental equilibrado, independientemente de cualquier discapacidad física.

Autor: Eva R.

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