Mitos en la alimentación de los perros
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Mitos en la alimentación de los perros

Gracias a los avances veterinarios de finales del siglo XX, hoy tenemos piensos formulados para cada raza (razas pequeñas o grandes, terriers, dachshund…), patología animal (bajos en sal, problemas hepáticos, piensos hipoalergénicos…) o según el nivel de trabajo que realicen en ese momento (piensos de alta energía para perros deportistas o en épocas de mucho esfuerzo físico…).

Probablemente oigamos que nuestra comida casera es lo mejor para nuestro amigo canino. Esto es totalmente falso. Si alguna vez alimentamos a nuestros perros con comida humana nunca superará el 10% de la totalidad de la dieta y siempre evitaremos alimentos altamente tóxicos para nuestros perros: chocolate, cebolla, aguacate…

Mitos respecto a la nutrición y dietética animal

Hoy trataremos de aclarar en concreto algunos respecto a la alimentación canina.

nutricion en perrosPueden comer huesos

Cierto, pero debemos evitar huesos pequeños que puedan causar atragantamientos. También deberemos evitar los de pollo y conejo que se astillan fácilmente y podrían causar una emergencia veterinaria.

Es mejor que coman alimentos crudos

Falso. Actualmente se habla de la dieta BARF (Bones and raw food diet). Además de causar mala absorción de nutrientes y problemas digestivos, la carne cruda y las vísceras, aun controladas desde el punto de vista sanitario, pueden ser focos de transmisión de parásitos intestinales.

El ajo añadido a la dieta repele las pulgas

Falso. No sólo falso si no peligroso. El ajo tiene muchas propiedades curativas, pero también contiene un compuesto químico llamado tiosulfato. Este compuesto puede ser tóxico en niveles extremadamente altos, causando anemia hemolítica en los perros. En la comida industrial las cantidades de ajo están escrupulosamente controlados.

Alimentos que pueden hacer que el manto de nuestro perro se vuelva rojizo

Falso. Una deficiente nutrición puede producir que el pelo del perro esté falto de brillo y de color apagado. El color del manto lo da la genética.

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