La canción de las ballenas mediterráneas
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La canción de las ballenas mediterráneas

En el Mediterráneo viven unas 3.500 ballenas casi todas pertenecientes a la misma especie, el rorcual común (Balaenoptera physalus), y se mueven entre Murcia e Italia. Bajo el agua ven muy poco y para orientarse y comunicarse entre ellas usan patrones de sonidos.

Según un estudio realizado por la Universidad Complutense de Madrid junto a la Universidad de Hawai y el grupo de bioacústica del Cornell Lab of Ornithology, cada especie emite sus propios cantos y las ballenas de cada cuenca tienen su propio dialecto.

Han medido los pulsos infrasónicos y los intervalos de los cantos de las ballenas de la cuenca mediterránea y de las que viven en el Atlántico. Y así es como se diferencian entre ellas.

Rorcual común en el mar

Aunque pertenecen a la misma especie, ésta no es su única diferencia. Estudios genéticos recientes apuntan a que las ballenas del Mediterráneo y las del Atlántico no se mezclan. En principio porque acostumbran a moverse por la cuenca de la que son originarias y las pocas que pasan a través del estrecho de Gibraltar, cerca de un 7%, no se mezclan con las de la otra cuenca.

El por qué y la dinámica que siguen es lo que intenta descubrir el grupo de investigadores encabezados por Àlex Aguilar, director del Institut de Recerca de Biodiversitat (Irbio) con la ayuda de la Fundació Zoo Barcelona.

Aumentan los avistamientos

El rorcual común es uno de los animales más grandes del planeta, pudiendo llegar a los 27 m de longitud. Durante el año se mueven de norte a sur en busca de aguas frías, llegando a recorrer entre 6.000 y 7.000 km. Se reproducen en las zonas de Túnez y Algeria y al subir la temperatura migran hacia el norte.

Pasan por Alicante entre febrero y marzo y llegan a la altura de Barcelona entre mayo y junio. “Entre la Península y las Baleares, de manera paralela a la costa, a unos 80 a 100 km, hay fuentes de producción de nutrientes que para las ballenas son como unas autopistas, su canal migratorio”, explica Aguilar. Siguen subiendo hasta el Cabo de Creus y el golfo de Léon, para llegados a septiembre iniciar el descenso siguiendo una ruta entre Cerdeña y las Baleares.

Al contrario de lo que pasa con otros mamíferos marinos, las poblaciones del rorcual común van en aumento. Su pesca está prohibida desde los años 80 y al acercarse poco a la costa, los encuentros fortuitos con embarcaciones deportivas, que tanto daño hacen a otras especies, son escasos. Además disponen de más comida. Esto es así porque sus competidores directos, como los atunes que como ellas comen unos camarones minúsculos, el krill, han disminuido a causa de la sobrepesca.

Al aumentar la población también es más fácil avistarlas. Habitualmente son difíciles de ver, ya que el 80% de los ejemplares viajan entre 90 y 110 km de la costa. Sin embargo, en los últimos años ha habido algunos avistamientos muy próximos, entre 5 y 9 km de la costa barcelonesa.

Las barbas de las ballenas

Ante todos los cambios que desde hace dos décadas afectan a las ballenas, los científicos ven la necesidad de profundizar en su dinámica. Sospechan que también es nuevo el paso de un 7% de ejemplares que entran del Atlántico al Mediterráneo. “Hay entrada de agua procedente del Atlántico al Mediterráneo”, afirma Aguilar. Pero lo que no saben los científicos es si se quedan o regresan. “Sabemos que no se cruzan con las ballenas mediterráneas, no se mezclan”, explica Aguilar.

En sus genes está escrito que, efectivamente, entre las de una cuenca y la otra no hay relaciones de parentesco. “Para entender mejor cuál es la dinámica de movimientos entre las ballenas del Atlántico y del Mediterráneo utilizaremos los marcadores químicos que hay en sus barbas”, dice Aguilar.

Las barbas son una placa de queratina, triangular y de unos 80 cm de longitud por hasta unos 40 cm de ancho, que se deshilachan en su vértice cerca de la lengua, para poder filtrar mejor el agua y extraer su alimento favorito. “En las barbas se van depositando todo tipo de materiales que dan información para determinar las características de las aguas en las que han estado”, afirma Aguilar.

Es lo mismo que si a un humano se le tomaran muestras de uñas o de pelo. Si se analizan se puede saber dónde ha estado, si ha tomado drogas o si ha estado en espacios contaminados. Las barbas de las ballenas acumulan entre 3 y 4 años de información. “Podemos saber en qué lugar ha estado la ballena porque los isótopos de las aguas de cada lugar son diferentes; así podemos reconstruir sus movimientos”, concluye Aguilar.

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