¿Entiende mi perro una reprimenda?
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¿Entiende mi perro una reprimenda?

La convivencia con nuestro perro está cargada de alegrías, fidelidad y buenos momentos, pero cierto es que, a menudo aparecen las acciones negativas que nos llevan a los nervios, o los enfados, y con ello usamos con nuestro animal el castigo.

El castigo no tiene que ser siempre físico, existe también el castigo verbal, llamadas comúnmente riñas, reprimendas o broncas. Pero, ¿realmente le influye esto a nuestro perro? ¿Nos entiende o son solamente palabras en tonos diferentes que el animal es incapaz de comprender? ¿Tiene algún sentido la reprimenda a mi perro?

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¿Funciona una reprimenda a mi perro?

Las respuestas de cualquiera que no convive con un perro pueden ser variadas: hay quien piensa que sí entienden y hay quien incluso llega a reírse de que pensemos que nos entienden, pero a los que somos dueños de un perro no nos cabe duda.

Todos los que hemos utilizado un castigo verbal con nuestro animal sabemos de sobra que sí lo está comprendiendo, pues sus actos, movimientos y su propia cara nos lo indica.

La forma en que cada perro se disculpa es totalmente diferente: algunos se mueven de forma nerviosa como queriendo “hacernos olvidar lo que han hecho”; otros se tumban patas arriba, enseñándonos la barriga en señal de sumisión; y otros bajan sus orejas y se sientan sobre sus patas traseras, mirándonos “con cara de pena”. Al igual que los humanos, las maneras de disculparse son distintas, pero todos los animales que reciben una reprimenda se intentan disculpar de alguna forma.

Entienden por el tono de voz

Confirmamos así que los perros entienden que lo que han hecho, no deben repetirlo, pero ¿por qué nos entienden? La principal razón es que nuestro tono de voz es totalmente diferente cuando estamos enfadados. Estudios afirman que incluso, conforme cambia nuestro nivel de enfado, nuestro tono de voz se modifica también y los canes son capaces de distinguirlo. Nuestra expresión facial también es muy importante, dado que el perro la lee a la perfección.

Así llegamos a puntos incluso, donde el perro observa nuestra cara tras lo que nos ha desagradado y tiende a esconderse o desaparecer de nuestra vista, para evitar todo tipo de contacto en el momento.

Si no lo seguimos para decirle nada, pasado un rato el animal volverá con el rabo y las orejas gachas, disimulando incluso, se sentará a nuestro lado e “intentará disculparse” para que todo vuelva a la normalidad (poniéndonos una pata encima, apoyando su cabeza contra nosotros o tumbándose sumiso).

Sabiendo esto, los dueños debemos tenerlo en cuenta y entonar la reprimenda según lo grave que haya sido lo ocurrido, para que nuestro animal entienda cuándo algo está mal, pero lo diferencie de cuando algo es totalmente inadmisible.

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