Apoyo durante el periodo de adaptación para personas dependientes
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Apoyo durante el periodo de adaptación para personas dependientes

En los últimos años, el número de personas mayores dependientes ha aumentado. Esto implica que cada vez más personas necesitan ayudar para realizar las actividades de la vida diaria.  Aunque no hay una edad determinada a partir de la cual se pueda considera que una persona es dependiente, lo que sí es cierto es que, a medida que envejecemos, las posibilidad de tener una situación de dependencia aumentan.

Además, el aumento de la longevidad y de la calidad de vida de las personas mayores en la actualidad hace que la aparición de la dependencia pueda vivirse con una situación imprevista, incluso injusta, lo que da lugar a la pérdida repentina de todos los beneficios que se habían acumulado en el proceso de envejecimiento.

El proceso de adaptación a la unidad residencial o la aceptación de la institucionalización con carácter permanente pueden resultar unas experiencias dolorosas para algunas personas en situación de dependencia. El papel de auxiliar o cuidador es vital para conseguir que estas personas se adapten a la institución  de la manera más rápida y eficiente posible.

La dependencia requiere adaptación y valoración

No es fácil asumir la dependencia, por lo que el proceso necesita apoyo para  alcanzar la adaptación a la nueva situación.

La atención a la dependencia es un proyecto complejo y que afecta a muchas personas mayores. La valoración de la dependencia por parte de un equipo de profesionales es el inicio del proceso que dará entrada al sistema a todas las personas que tengan reconocido algún grado de dependencia.

La dependencia crónica en una persona mayor puede adquirirse de manera gradual o ser consecuencia de una enfermedad aguda, Además, la dependencia  puede ser funcional y/o cognitiva.

  • La dependencia funcional se relaciona  con diagnósticos de degeneración osteomuscular y/o neurológica, así como con con accidentes vasculares cerebrales. Aunque muchas otras enfermedades pueden cursar en dependencia: insuficiencia cardiorrespiratoria, fracturas óseas, etc.
  • La dependencia cognitiva se deriva sobre todo de la enfermedad de Alzheimer y de otras demencias, que son algunas de las enfermedades neurológicas más frecuentes en la vejez la cuales, en etapas avanzadas, también causan una importante e inevitable dependencia funcional.

La importancia del apoyo

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Es importante tener en cuenta que en la convivencia pueden desatarse situaciones de estrés cotidiano y es habitual que estas personas experimenten tensión emociona. Por ello, los cuidadores son fundamentales, porque son un apoyo afectivo.

Por ese motivo hay que buscar en el trabajo diario momentos para conversar con las personas a cargo y valorar cómo se encuentran de ánimo. De esta forma se podrán identificar pensamientos, emociones y conductas que llamen la atención por no ser habituales.

Aunque la labor del cuidador no es realizar una exploración clínica, es importante valorar en qué estado se halla la capacidad física, mental y su nivel de respuesta afectiva de estas personas para así detectar problemas como depresiones e incluso ideas suicidas.

En este sentido, es importante destacar que los cuidadores deben tener en cuenta que la acomodación al entorno se verá facilitada si estos profesionales se muestran como acompañantes cercanos, permanentes y disponibles en el proceso de ajuste al nuevo entorno. Para ello deben ser un apoyo en sus labores cotidianas y contribuir a la adaptación haciendo que se sientan integrados entre los demás compañeros.

La atención a la dependencia

El diagnóstico de dependencia será el punto de partida para iniciar un conjunto de decisiones relacionadas con el cuidado de la persona mayor afectada. Esto siempre tienen que ver con encontrar la dedicación de otra persona o personas que sustituyan aquellas actividades de la vida diaria que la persona mayor, a causa de su dependencia, no puede realizar por sí misma.

La persona que cuida a un dependiente se llama cuidador y puede ser formal o informal. Casi siempre, el cuidador informal es un miembro de la familia del dependiente, y un cuidador formal es un profesional que puede prestar los servicios de manera individual o en equipo.

Cuando se le pregunta a las personas mayores sobre cómo les gustaría ser atendidas en caso de convertirse dependientes, la respuesta más frecuente es la voluntad de permanecer en casa. De hecho, siempre que se puede, las personas dependiente son atendidas en su domicilio, aunque esto hace que a menudo tengan dificultades para participar en actividades comunitarias dirigidas al colectivo al que pertenecen.

Por ello es muy importante dinamizar en los grupos de personas mayores la necesidad de pensar en las personas dependientes que se quedan en su domicilio, especialmente aquellas que antes participaban en actividades socioculturales y han dejado de hacerlo a causa de su dependencia.

El ingreso a un centro residencial es una decisión muy importante. Con frecuencia es algo difícil de aceptar para la persona afectada, aunque también para su familia. Esto es especialmente duro cuando dicho ingreso es fruto de la precipitación y la urgencia de una situación de crisis. Lo ideal sería la nueva situación formara parte de una serie de reflexiones previas del proyecto vital de cada persona. Que el ingreso se produzca en unas circunstancias u otras condiciona el proceso de adaptación al centro.

Estrategias de intervención

Para poner en marcha muchas de las estrategias los cuidadores deben recurrir a técnicas específicas, destacando las propias de la animación sociocultural y la dinámica de grupos .

La animación sociocultural es un instrumento para la convivencia, la participación y el desarrollo de los residen tes que que, a través de un conjunto de técnicas sociales aplicadas, ayuda a mejorar la calidad de vida y a desarrollar la propia comunidad. En este sentido, la animación sociocultural ofrece a las personas dependientes las condiciones materiales y relacionales necesarias para que mantener o recuperar la autonomía.

Por su parte, la dinámica de grupos trata de explicar los cambios internos que se producen como resultado de las fuerzas y condiciones que influyen en los grupos como un todo. La dinámica de grupos también pretende investigar los procesos que explican la conducta individual y cómo esta es modificada en virtud de la experiencia del grupo.

Además, trata de aclarar por qué ocurren ciertas cosas en los grupos, por qué estos se comportan como lo hacen y por qué los miembros del grupo reaccionan de la forma en que lo hacen.

Sensibilidad y afectación

En el momento del ingreso en la institución social, hay que tener en cuenta que esta situación es vivida habitualmente como una situación de estrés muy intenso. La sensación de pérdida puede provocar emociones negativas y producir la sensación de fatiga mental. También puede ocurrir que la persona experimente sensibilidad a los cambios extrema o incluso que reaccione de forma adversa ante determinadas condiciones ambientales.

No hay que perder de vista que el nivel de capacidad de la persona dependiente puede resultar afectado hasta el punto de padecer desorientación, pérdida de memoria o verse reducido su nivel de atención. En función de las características de cada caso, el cuidador debe intentar que la persona conozca el espacio físico y al equipo técnico, así como presentarle a los otros residentes y  ofrecerle claramente ayuda.

En cuanto a los familiares, es importante fomentar que las familias se conviertan en miembros cada vez más presentes y activos en la vida de la residencia, y no solo meros visitantes ocasionales y que durante las visitas no se limiten a observar y tener contacto con sus seres queridos. La estrategia del acercamiento familiar comienza haciéndoles saber a estas personas que su presencia activa resulta una pieza clave en el proceso de adaptación de esa persona a la vida del centro.

Técnicas de grupo

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Las técnicas de grupo permiten promover la participación social de los usuarios en el contexto de las instituciones de atención a las personas mayores dependientes, ya que motivan y las dirige en la gestión y dirección de sus recursos propios. En este sentido, deben ser diseñadas para la atención a las necesidades fundamentales del mantenimiento de la autonomía motora, afectiva, cognitiva y social, de modo que asuman responsabilidades en el proceso de mantenerse activos e independientes.

Según Assumpció Ros Florenza, psicóloga especialista en animación sociocultural para personas mayores, las técnicas de grupo en una institución presentan muchas ventajas que hay que tener en cuenta.

La primera de ellas es que con el mismo tiempo de dedicación de los profesionales se pueden atender a más personas. Además, con este tipo de actividades se potencia la relación entre las personas, tanto entre los residentes como con los profesionales.

Por otra parte, en el marco grupal se puede promover un espacio privilegiado de escucha, de respeto, de confianza y de ayuda mutua en el que las personas que lo integran aporten lo mejor de sí mismas.

Por último, Ros Florenza considera que en el grupo, superadas las dificultades iniciales, podemos conocer aspectos de las personas (recuerdos, valores, opiniones…) que en otras circunstancias no sería posible. El grupo es un espacio privilegiado que hay que valorar.

Objetivos de las técnicas de grupo

Ros Florenza considera que cada profesional podrá definir los objetivos del grupo que promueve. Estos objetivos pueden ser:

  • Terapéuticos: atención al duelo, rehabilitación, estimulación cognitiva, gimnasia de mantenimiento, etc.
  • Formativos: hábitos saludables e introducción al entrenamiento de la memoria, entre otros
  • De animación: incluyendo recuperación de tradiciones, teatro, preparación de fiestas, etc.
  • Sociales: como voluntariado, reuniones de residentes y reuniones de familiares

Según esta psicóloga, todos estos objetivos que se pueden plantear con las técnicas de grupo en las instituciones de atención a las personas mayores dependientes deben tener en común las siguientes características:

  • En primer lugar, deben potencia  la relación entre los participantes.
  • En segundo lugar, tienen que reconocer los valores de cada persona y potenciar su voluntad de participar y beneficiarse del trabajo de grupo.
  • Por último, deben promover la solidaridad, el respeto, la valía de cada uno y la confidencialidad en el marco del grupo, valorar el esfuerzo que el trabajo grupal supone para los participantes y para los profesionales que lo llevan a cabo, así como los resultados que se derivan.

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