Introducción a la fisiopatología del sistema nervioso autónomo

El sistema nervioso autónomo es la parte del sistema nervioso que regula las funciones involuntarias, como los latidos del corazón, las funciones digestivas de los intestinos, el control de la respiración y la secreción de las glándulas.

El sistema nervioso autónomo juega un papel crucial en el mantenimiento de la homeostasis, que es el conjunto de fenómenos de autorregulación, conducentes al mantenimiento de una relativa constancia en la composición y las propiedades del medio interno del organismo.

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Importancia para la osteopatía

La osteopatía es una disciplina que promueve la reducción, el alivio y la resolución de los problemas estructurales o funcionales del ser humano, para lo que noción de globalidad y de holismo del cuerpo a través del sistema nervioso es fundamental.

El sistema nervioso asegura los mecanismos de autorregulación en el organismo. La pérdida o reducción de estos mecanismos puede dar lugar a estados patológicos. La intervención osteopática puede influir en estados. En estos casos, la osteopatía también facilita los mecanismos de autorregulación, permitiendo que el cuerpo se recupere y consiga la normalización de las funciones alteradas. Esto facilita la disminución de los síntomas y la recuperación.

Esto nos da una idea de lo importante que es conocer el funcionamiento del sistema nervioso para la práctica de la osteopatía. En este artículo nos centraremos en hacer una introducción al sistema nervio autónomo.

El sistema nervioso autónomo

El sistema nervioso autónomo puede clasificarse, desde un punto de vista funcional, en dos partes:

  1. Sistema nervioso autónomo parasimpático cráneo-sacro.
  2. Sistema nervioso autónomo simpático dorso-lumbar.

La organización del sistema nervioso autónomo se basa en el arco reflejo y tiene una extremidad aferente, una extremidad eferente y un sistema integrador central.

El sistema general visceral eferente permite comprender cómo se organizan los impulsos motrices destinados a las vísceras. El sistema general visceral aferente nos informa de los medios por los cuales las vísceras reenvían estos impulsos a la médula espinal y al cerebro.  Su comprensión es esencial para la interpretación del dolor.

El fenómeno de irradiación es una de las funciones del sistema general visceral aferente. Una restricción de la movilidad cráneo-sacra o vertebral puede corresponder a una patología vísceral a distancia, en el segmento correspondiente, por medio del sistema nervioso parasimpático o simpático.

Por el contrario, una patología visceral puede proyectarse a distancia sobre la zona somática vertebral o cráneo-sacra que le corresponda anatómica y segmentariamente, por medio del sistema nervioso autónomo.

El sistema simpático tóraco-lumbar puede ser similar a un sistema de urgencia que, gracias a su influencia sobre el metabolismo, lo prepara para hacer frente a cualquier situación. Para ello estimula las secreciones suprarrenales regula la circulación visceral y el aporte sanguíneo destinado al mecanismo músculo-esquelético, modera el riego cardíaco, dilata los bronquios y disminuye, por inhibición, la actividad visceral, muscular y ganglionar.

Los sistemas simpático y parasimpático son complementarios

Los sistemas simpático y parasimpático son complementarios. Ambos mantienen la integridad funcional del cuerpo humano. El reparto de los sistemas simpático y parasimpático parece inspirarse en un sistema perfecto de conservación de la vida destinado a que esta se alargue lo más posible y en las mejores condiciones.

Aunque el organismo no tenga necesidad del sistema simpático de urgencia, el sistema parasimpático restaura el equilibrio funcional general. Sea cual sea la acción del sistema simpático tóraco-lumbar, tal como la dilatación de la pupila o aceleración del ritmo cardíaco, la reacción inmediatamente opuesta puede ser obtenida por el sistema parasimpático cráneo-sacro.

Los papeles atribuidos normalmente al sistema nervioso simpático han sido ampliados, lo que ha  permitido considerar al sistema simpático bajo una nueva perspectiva que permite ampliar su influencia.

Todas estas bases fisiológicas son indispensables en la osteopatía, ya que ellas explican un buen número de lesiones osteopáticas secundarias y reflejas.

Regulación de la actividad del sistema nervioso autónomo

La actividad nerviosa eferente del sistema nervioso autónomo está ampliamente regulada por reflejos autónomos. En muchos de estos reflejos, la información sensorial se transmite a los centros de control homeostáticos, en particular a aquellos ubicados en el hipotálamo y el tronco encefálico.

Gran parte de la información sensorial de las vísceras torácicas y abdominales se transmite al tronco encefálico por las fibras aferentes del nervio craneal X, el nervio vago. Otros nervios craneales también aportan información sensorial al hipotálamo y al tronco encefálico.

Esta entrada está integrada y se lleva a cabo una respuesta  mediante la transmisión de señales nerviosas que modifican la actividad de las neuronas autónomas preganglionares. Muchas variables importantes en el cuerpo son monitorizadas y reguladas en el hipotálamo y el tronco encefálico, incluyendo frecuencia cardíaca, presión arterial, peristaltismo gastrointestinal y secreción glandular, temperatura corporal y el hambre.

Estos centros de control neural en el hipotálamo y el tronco encefálico también pueden verse influenciados por las áreas cerebrales superiores. Específicamente, la corteza cerebral y el sistema límbico influyen en las actividades del sistema nervioso autónomo asociadas con las respuestas emocionales a través de las vías hipotalámicas del tronco encefálico. Por ejemplo, sonrojarse durante un momento embarazoso, una respuesta que implica la vasodilatación de los vasos sanguíneos en la cara.

Otras respuestas emocionales influenciadas por estas áreas cerebrales superiores incluyen desmayos, sudor frío y un ritmo cardíaco acelerado.

Algunos reflejos autónomos pueden procesarse a nivel de la médula espinal. Estos incluyen el reflejo de micción y el reflejo de defecación. Aunque estos reflejos están sujetos a la influencia de los centros nerviosos superiores, pueden ocurrir sin información del cerebro.

Autor: Eva R.

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