El masaje ¿tiene que doler?
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El masaje ¿tiene que doler?

Ante todo, el terapeuta siempre ha de intentar trabajar sobre la causa que provoca la disfunción y respetar la regla más importante de todo trabajador sanitario: “no provocar dolor” con las medidas terapéuticas.

dolor de cuello cervical y de hombrosPodemos plantear un caso muy simple y común como el dolor presente en la zona cervical y superior de la espalda provocado por contracturas musculares.

Sabemos que este tipo de situación se produce frecuentemente por el estrés nervioso que hace adoptar una psicopostura, o sea, una alteración postural consecuencia de la tensión nerviosa. La tensión nerviosa tampoco es la causa, sino la consecuencia de alguna situación que estimula excesivamente nuestro sistema nervioso sensorial.

Dolor en el masaje

El terapeuta debería, en primer lugar, averiguar qué origina el exceso de tensión o estrés nervioso y, una vez cumplimentada esta parte de la exploración recomendar, si es posible, la eliminación de la causa.

Obviamente, esto no es siempre posible, ya que si el origen de la disfunción es, por ejemplo, la situación laboral, y podemos comprender fácilmente que, en la mayoría de los casos, deberemos de conformarnos con realizar un trabajo sintomático o, dicho en otras palabras, intentaremos eliminar los síntomas y signos directamente. El trabajo sintomático no será nunca tan efectivo como el causal pero, en muchas ocasiones, nos veremos obligados a ello por las circunstancias.

Una situación frecuente es la de la persona aquejada de dolor de cabeza, cuello y espalda. Quizás busque un masaje relajante y pasar una hora agradable tumbado en la camilla. Sin embargo, habrá que analizar ese problema profundamente y para ello, será necesario explorar manualmente la zona hasta encontrar el punto más doloroso o punto gatillo. Esta actividad no resultará nada placentera para la persona, pero será totalmente necesaria para llegar al foco del problema.

localizacion del dolorComo ya hemos comentado, existen múltiples circunstancias y situaciones diferentes en cada usuario y deberá ser el profesional quien, teniéndolas en cuenta, recomiende el mejor protocolo a utilizar, respetando siempre el umbral del dolor de la persona y, si fuera necesario, pactando el límite de la intensidad con la que aplicará las maniobras.

El masaje como efecto sedante

El masaje es la terapia manual contra el dolor más antigua de la historia. Entre las diferentes maniobras que tienen un marcado carácter sedante y analgésico encontramos los pases o roces y las fricciones. Los amasamientos son maniobras más profundas que provocarán analgesia como consecuencia de la disminución del tono muscular y de las contracturas.

Existe una maniobra que basa sus efectos en la estimulación de las fibras nerviosas A alfa y delta transmisoras del tacto, que inhiben la acción de las fibras A beta y C transmisoras del dolor. Es conocida la acción inhibidora de la presión sobre la zona dolorida, ya consigue los efectos arriba mencionados.

La maniobra en cuestión es una presión directa sobre el punto doloroso (siempre que no se trate de una herida o hematoma), que generalmente coincide con la presencia de una contractura muscular. Esta presión debe ser lo suficientemente intensa como para llegar a producir un dolor perfectamente soportable y mantenerse durante unos 20 segundos; a continuación se aumentará la intensidad durante otros 20 segundos y, se repetirá una vez más.

Con esta técnica conseguimos romper un círculo vicioso ocasionado por la contractura muscular que provoca dolor que, a su vez, produce un aumento de la contractura.

Otra maniobra que puede romper este círculo vicioso es la fricción profunda. Estamos hablando de una fricción diferente a las utilizadas habitualmente en los protocolos de masaje. Éstas vienen a ser un movimiento deslizante de dos planos en direcciones opuestas pero, siempre tomando la piel como uno de estos planos. En las fricciones profundas la piel queda pegada a nuestros dedos, mano, nudillos o, incluso, codo y se aplican en un sitio muy concreto y localizado: sobre una contractura. De esta manera, eliminando la contractura, acabamos con el dolor.

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