Cuando pierdes peso ¿a dónde va la grasa?

Uno de los motivos que más personas congrega en los gimnasios y una de las necesidades que atienden con frecuencia los entrenadores personales es la pérdida de peso. El sobrepeso y la obesidad sobrevienen por una acumulación excesiva de grasa corporal, por lo que interesa a la hora de adelgazar es perder peso de grasa.

Hay otras cuestiones que deben preocupar, como el mantenimiento -mejor aún, la ganancia- de masa muscular, pero eso es otra cuestión que no vamos a tratar en este artículo.

La pregunta es ¿dónde va la grasa cuando pierdes peso? Es curioso, porque a pesar de los obsesionadas que están muchas personas con perder grasa, a la hora de la verdad no saben qué pasa con ella cuando desaparece. De hecho, mucho profesionales del acondicionamiento físico lo desconocen o tienen creencias erróneas sobre lo que ocurre.

Dónde va la grasa

La mayoría te dirá que la grasa se convierte en energía. Pues no, respuesta equivocada. La respuesta correcta es que la mayor parte de la masa se expulsa como dióxido de carbono y se evapora. Eso dice un estudio elaborado por investigadores de la UNSW (Universidad de Nueva Gales del Sur), en Australia.

La grasa no se convierte en energía

Según los autores del estudio, el error más común entre médicos, dietistas y entrenadores personales es que la masa faltante se ha convertido en energía o calor. “Existe una sorprendente ignorancia y confusión sobre el proceso metabólico de la pérdida de peso”, dice el profesor Andrew Brown, director de la Escuela de Biotecnología y Ciencias Biomoleculares de la UNSW. “La respuesta correcta es que la mayor parte de la masa se respira como dióxido de carbono. Se lanza al aire”, dice el autor principal del estudio, Ruben Meerman, físico y presentador de ciencia de la televisión australiana.

No es que se exhalen las células de grasas así tal cual, sino que se exhalan subproductos metabólicos de la grasa como el dióxido de carbono, no las células grasas en sí mismas.

En su artículo, publicado en el British Medical Journal, los autores muestran que perder 10 kilogramos de grasa requiere la inhalación de 29 kilogramos de oxígeno y que este proceso metabólico produce 28 kilogramos de dióxido de carbono y 11 kilogramos de agua.

Si sigues los átomos de 10 kilogramos de grasa que se “pierden”, 8,4 de esos kilogramos se exhalan como dióxido de carbono a través de los pulmones. Los 1,6 kilogramos restantes se convierten en agua, que puede ser excretada en orina, heces, sudor, respiración, lágrimas y otros fluidos corporales, informan los autores.

Más del 50% de los 150 médicos, dietistas y entrenadores personales encuestados pensaron que la grasa se convertía en energía o calor. Algunos encuestados pensaron que los metabolitos de la grasa se excretaban en heces o incluso que se convertían en músculo. En este sentido, dicen los autores que “los conceptos erróneos que hemos encontrado revelan una sorprendente falta de familiaridad con respecto a aspectos básicos de cómo funciona el cuerpo humano”.

Lo que comemos sale a través de los pulmones

Casi todo lo que comemos sale a través de los pulmones. Cada carbohidrato que digerimos y casi todas las grasas se convierten en dióxido de carbono y agua. Lo mismo ocurre con el alcohol. Con la proteína pasa lo mismo destino, excepto por la pequeña parte que se convierte en urea y otros sólidos, que se excreta como orina.

Lo único en los alimentos que llega al colon sin digerir e intacto es la fibra dietética. Todo lo demás que comemos se absorbe en el torrente sanguíneo y los órganos y, después de eso, no va a ninguna parte hasta que se haya vaporizado.

Come menos, exhala más

Entonces, si la grasa se convierte en dióxido de carbono ¿podríamos simplemente respirar más y perder peso? Lamentablemente no. Respirar y exhalar más de lo que necesita provoca hiperventilación. La única forma de aumentar conscientemente la cantidad de dióxido de carbono que produce nuestro cuerpo es moviendo los músculos, es decir, con la actividad física.

Aquí hay buenas noticias. Simplemente ponerse de pie y vestirse multiplica por dos (algo más) la tasa metabólica (el consumo calórico en reposo). En otras palabras, si estuvieras cambiándote de ropa durante 24 horas, exhalarías más de 1.200 gramos de dióxido de carbono. Vamos con algo más realista: salir a caminar triplica su tasa metabólica, y lo mismo ocurre con las tareas domésticas.

Metabolizar 100 gramos de grasa consume 290 gramos de oxígeno y produce 280 gramos de dióxido de carbono, más 110 gramos de agua. La comida que comes no puede cambiar estas cifras.

Por lo tanto, para perder 100 gramos de grasa, debes exhalar 280 gramos de dióxido de carbono por encima de lo que producirás mediante la vaporización de todos los alimentos que ingieras, sin importar cuál sea. Así, cualquier dieta que suministre menos “combustible” del que quema producirá este efecto.

Autor: Eva María Rodríguez

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